Así llevamos nuestro país a las aulas de clases

Desde el inicio de nuestra participación en el programa Prosperity Makers un asunto estaba más que claro: ser embajadores de Colombia en Jamaica a través de la enseñanza del español como lengua extranjera y nuestra muestra cultural.

A cada clase, día a día, nos tocaba cargar con Colombia y llevarla al aula de clases. Dar lo mejor de nosotros y mostrar lo mejor de nuestro país.

Pero, ¿cómo sería posible cargar con aproximadamente 49 millones de habitantes, 32 departamentos, 32 capitales, cinco regiones geográficas y culturales, dos lenguas criollas y 65 dialectos indígenas, el Océano Pacífico y el Mar Caribe, un Museo del Oro, una chiva colombiana, los festivales y carnavales y uno de los mejores cafés del mundo a las clases en UWI, Jamaica?

El momento de mostrar nuestra creatividad y pedagogía era este: ¿cómo enseñar español con todos los recursos anteriormente enlistados?

¡Mogollo! Me tocaba cogerla suave y pensar en cómo lograr una clase chévere para mis estudiantes y así pensaran que su profe era todo un bacán. Tuve que tirármelas de abeja, andar en bombas y preparar la chimba de clase de español jamás impartida en UWI. ¡Qué camello!

Eso hice, dejé de mamar gallo y me dediqué a camellar en ello. ¿Cómo lo hice?

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Preparé dos actividades diferentes a una clase catedrática de gramática española: la primera de ellas fue un intercambio musical. Previo a la actividad, le llevé a mis estudiantes una canción, que durante nuestra preparación en Bogotá se convirtió, casi, -nos faltó la oficialización, en un himno para nosotros: La tierra del olvido de Carlos Vives. Les compartí la letra, la escuchamos e intenté explicarle el mensaje de la canción.

Por ser un intercambio musical, ellos debieron escoger una canción para que fuera interpretada por mí, en este son, escogieron Smile for me Jamaica de Chronixx y yo debía interpretarla para ellos, ¿cómo lo haría con esta melodiosa voz del caribe colombiano? –Ni idea, pero debía hacerlo, por mí y mi labor como profesor, por mis estudiantes y por mi país.

El día llegó, llevé mi bandera de Colombia, mi sombrero vueltiao, unos bocadillos y unas banderitas de Colombia en palillos como regalo para mis estudiantes. Pedí el apoyo de algunos colegas quienes me acompañaron a la Facultad de Leyes a hacer nuestra presentación.

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Antes de iniciar, le entregué a los estudiantes una hoja en blanco de papel y crayones, le di play a algunos ritmos colombianos (vallenatos, merengue y puya; salsa, cumbia, champeta, entre otros) y les pedí que hicieran trazos o dibujos abstractos sobre lo que les inspiraba cada canción, al final cada estudiante exponía sus percepciones sobre la música colombiana. Idea de mi compañera Vanessa Arias. Dicho sea de paso, ¡gracias, Vane!

Ellos cantaron la canción, sobre la cual, con comentarios positivos me habían hecho saber que el ritmo y la letra los había cautivado. Bajo los acordes de la guitarra interpretada por John Reyes, cantaron La tierra del olvido. En cambio mis compañeros y yo, al estilo play-back, interpretamos para ellos la canción que habían escogido. Pero algo les había quedado sonando a ellos, ¿cómo se bailaba el ritmo de la champeta?, así que me pidieron una muestra de unos cuantos pasos de este baile. Katherin Betancur y yo lo hicimos con la coreografía de La Espelucá.

La segunda actividad fue denominada Colombianismos de racamandaca, frases y expresiones muy colombianas, cuya preparación del material y adaptación se tomó un par de semanas antes, pero con resultados positivos.

Esta vez tocaba demostrar una habilidad más, escritura y producción de material auténtico. Yo me dediqué a escribir y a traducir (con el fin de poder explicar, en inglés, lo que los colombianos queremos expresar en algunas frases), las expresiones más usuales. Entre más expresiones conseguía, más expresiones quería darle a conocer a mis estudiantes. Por otra parte, de los dibujos se encargó un muy amigo nuestro, Sebastián, de Venezuela; cuyos dibujos son verdaderas obras de arte. Agradecimientos a él también.

Una vez listo el material, esperaba la clase:

Recibí a los estudiantes con los colombianismos desplegados en las mesas de trabajo, todos por el anverso, solo la palabra (frase o expresión) y el dibujo alusivo a la misma. A medida que entraban, ellos leían y suponían significados de acuerdo a lo que los dibujos les mostraba.

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Después de la explicación, muchas risas, y pequeñas correcciones de pronunciación y tono para algunas expresiones, les llegaba el proceso de producción: los estudiantes debían usar mínimo seis expresiones y hacer un pequeño diálogo donde las incluyeran.

Fue una clase bastante significativa para ellos, aprendieron cómo hablamos los colombianos día a día, nuevo vocabulario, diferencias entre ser y estar y sus conjugaciones y así como las conjugaciones de otras frases verbales.

Autor: José Manuel Pérez

Prosperity Makers –Jamaica, 2017

Read 104 times Last modified on Jueves, 30 Noviembre 2017 19:35

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